Apego a la comida

La alimentación tiene como función nutrirnos y cubrir una necesidad fisiológica, aunque también hay un hambre emocional a través del cual las personas canalizamos las emociones a través de la comida. Generalmente, cuando existe apego a la comida es por miedo a sentir una emoción desagradable como tristeza, enfado, angustia, etc.

La comida no es amor, pero está muy ligada al amor, al acto de compartir, a la conexión entre personas. También está muy relacionada con las diferentes culturas y con la naturaleza. Por ejemplo, un bebé al tomar el pecho materno además de recibir los nutrientes necesarios para vivir, recibe amor, protección y seguridad.

Pero ¿qué sucede cuando la comida además de nutrirnos y conectarnos se convierte en un apego? ¿Dónde podemos poner esa distancia? El problema empieza cuando asociamos todo con la comida, cuando los sentimientos se viven a través de la comida, sin permitirnos vivir la emoción y cuando no podemos parar. Entonces, hay que preguntarse ¿qué es lo que necesitas? ¿Qué estás sintiendo? Debemos ser conscientes del momento presente.

A las personas a veces nos resulta difícil manejar situaciones y emociones desagradables, el umbral del malestar resulta poco tolerable y preferimos distraer estas emociones con comida. Por eso, es importante conocernos a nosotr@s mism@s, buscar apoyo profesional (nutricionista y/o terapeuta) para que nos acompañe en el proceso de descubrimiento de ese apego: es importante saber por qué se está produciendo y cómo se puede gestionar. Debemos actuar sin prisa pero sin pausa, para que la relación con la comida se transforme en una relación sana y aprender más de uno mism@.